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Educar sin temores


A cierta edad, alrededor de los 12 meses,  un niño no tiene la memoria de un adulto como para guardar en ella las normas e indicaciones que sus padres le dan. Por eso, cuando deja de hacer algo porque se lo ha reprendido y luego vuelve a hacerlo, no es porque sea maldito o desafiante, sino que no ha guardado en su memoria la indicación anterior. Algo que se logra más adelante.

En esta etapa, los niños se entretienen poco: su atención y sus intereses son fluctuantes; necesita que el adulto u otros chicos lo ayuden a estar “en algo” un ratito más o menos largo.

La idea de un jardín maternal como un espacio para estar con otros pequeños y jugar puede ser interesante, pero debe ser por pocas horas y siempre que el niño no ofrezca resistencias en su adaptación. Es importante tener en cuenta que el esfuerzo para que él se adapte deben hacerlo los adultos que lo acompañen.

Por otra parte, hay que recordar que los límites se imponen lentamente y que el niño los acepta en forma progresiva. Si con el tiempo tu hijo persiste en su enorme actividad, será cuestión de volver a hablar con el pediatra para saber qué hacer.
fuente Crece Bebe
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